Aunque pensé que despertaría entre los cálidos brazos de Luca, la verdad es que el amanecer solo trajo nuevas dificultades. Desperté con la sensación de que el aire era demasiado pesado dentro de la habitación, como si las paredes mismas me recordaran lo que había sucedido la noche anterior. Luca estaba de pie, junto a la ventana, con el torso desnudo y un cigarrillo apagado entre los dedos, observando la línea del horizonte con esa tensión en los hombros que ya me resultaba demasiado familiar.