El camino hacia el hospital fue una pesadilla que todavía siento vibrando en mis huesos. El auto avanzaba a toda velocidad, pero para mí cada semáforo, cada bocina, cada segundo era una eternidad insoportable. Tenía a Clara recostada contra mí, mis manos empapadas en su sangre tibia mientras intentaba detener el flujo con toda la fuerza de mis dedos. Sentía su abdomen contra mi palma, su respiración entrecortada, el débil gemido que escapaba de su garganta.
—Resiste, por favor, resiste… —le rep