Abrí los ojos lentamente, con el cuerpo aún adolorido y exhausto por lo que había pasado la noche anterior. La habitación estaba impregnada con un perfume que ya reconocía como suyo: humo, madera, un matiz de pólvora y la esencia tan particular de Luca que parecía impregnar hasta las paredes. Me costó unos segundos recordar que no había sido un sueño. Había sido real. Sus manos, sus labios, su voz quebrándome en susurros posesivos. Había sido real la manera en que me había llenado una y otra ve