La mansión no dormía nunca del todo. Aunque desde mis ventanas todo parecía calma, siempre había un murmullo que me recordaba que no era un hogar, sino una fortaleza. Pasos pesados en los pasillos, puertas que se abrían y cerraban, voces graves en un idioma que no siempre entendía. Eran hombres armados, hombres de Luca. Y cada vez que él desaparecía por la noche, ese movimiento aumentaba.
No pude ignorarlo más. El recuerdo de su camisa manchada, de la urgencia en sus ojos la última vez que lo v