El silencio después del caos nunca es silencio verdadero. Es como un zumbido constante, un eco que vibra en la piel y se mete en los huesos. El cuarto blindado donde me había dejado Luca parecía demasiado pequeño, demasiado sofocante, para contener mi respiración acelerada y el temblor que aún me sacudía. El olor a pólvora todavía estaba en el aire, pegado a mi ropa, a mis manos.
No sé cuánto tiempo pasó. Minutos, tal vez horas. El tiempo, en medio del miedo, pierde toda medida.
Entonces la pue