El vapor llenaba el baño como una niebla espesa que me envolvía por completo. El agua caliente corría sobre mi piel, cayendo en hilos que arrastraban el cansancio mental de los últimos días. Cerré los ojos, dejándome llevar por la sensación de alivio, intentando convencerme de que todo estaba bajo control, de que podía resistir la espera, la tensión, el miedo a otro fracaso.
Hasta que lo sentí.
Un tirón repentino en el vientre bajo, un calambre tan agudo que me dobló en dos. Tragué saliva, pe