El nuevo ciclo me pesó más que el anterior. No porque las inyecciones dolieran más —al contrario, ya casi mi cuerpo había aprendido a soportarlas—, sino porque esta vez lo sentía diferente. El médico había marcado las fechas con precisión quirúrgica: dosis de hormonas, ecografías, análisis… todo llevaba a ese segundo intento que decidiría, otra vez, mi destino en esta casa.
El día de la transferencia amaneció con una calma extraña, ya no me sentía como la vez anterior, quizás porque ya tuve ex