206: Al Amanecer
El sueño no fue un descanso, fue un abismo sin sueños, un olvido necesario. La conciencia regresó a cuentagotas, primero como una sensación de calor. Un calor sólido y constante a mis espaldas, un brazo pesado y protector sobre mi cintura, la suave presión de una mano plana contra mi estómago. Luego, el olor. Bergamota, jabón de sándalo y algo inconfundiblemente masculino, terroso, que me envolvía, impregnaba la camisa que llevaba puesta, la almohada, el aire que respiraba.

Abrí los ojos.

La luz del amanecer se filtraba tenuemente a través de las ventanas altas, pintando la habitación de tonos grises y dorados pálidos. Estaba acurrucada contra Silas, mi espalda pegada a su pecho, mis piernas encogidas, sus rodillas ajustadas a la curva de las mías. Su respiración, profunda y regular, movía suavemente mi cabello.

No me moví. No me aparté. La tensión que siempre había existido entre nosotros, esa electricidad cargada de desconfianza y deseo negado, no había desaparecido. Se había t
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