El viaje de regreso a la casa de la colina fue un silencio tenso y elocuente. La furia que me había impulsado a buscar a Silas seguía ahí, ardiendo en lo más profundo de mi pecho, pero ahora estaba sepultada bajo capas de adrenalina residual, shock y una preocupación áspera que se negaba a ser ignorada. Cada vez que miraba de reojo, veía la mancha oscura y húmeda expandiéndose en la manga de su camisa, un recordatorio mudo y sangriento de lo que había sucedido. De lo que él había hecho por mí.