Regresé a mi habitación. La rabia hervía dentro de mí, un volcán contenido. Caminé de un lado a otro, mis puños apretados. Pero por encima de la furia, una imagen se imponía: Gabriel y Valentina. Sus rostros, sus risas. Moría por volver a verlos, por abrazarlos. Esa añoranza era más fuerte que el miedo, más poderosa que la ira. Era mi combustible.
Fue en medio de ese torbellino cuando Alessio irrumpió, como un sabueso oliendo sangre. Su vendaje en la frente era un recordatorio de mi pequeña vic