El día comenzó raro. No por el clima —ese seguía gris y pesado como casi siempre— sino por el ambiente en la casa. Además de eso el malestar me aquejó desde que abrí los ojos. Dolor de cabeza y mareos que no pasaron hasta bien entrado el medio día. Estuve en la cama hasta que me sentí mejor, lo suficiente para poder levantarme y salir de entre esas cuatro paredes.
Abrí la puerta de mi habitación y me topé con dos hombres que no estaban ahí ayer. Altos, con trajes oscuros y esa postura recta q