Desperté con la boca seca y un peso extraño en el estómago. Sabía que hoy empezaba la parte real del “proceso”: las inyecciones. La doctora había sido clara; primero estrógenos para preparar el revestimiento del útero, luego progesterona cuando marcara la fecha del intento. Palabras técnicas para algo simple: mi cuerpo iba a convertirse en terreno fértil para un embrión que no era mío.
Me vestí con calma. Al bajar, la casa estaba en ese silencio blindado que ya reconozco; los pasos amortiguado