El último eco de mi voz se extinguió en el aire cargado del despacho. Había soltado la verdad, toda ella, como quien abre una herida para limpiarla. Le había entregado las piezas de nuestro pasado: oscuras, apasionadas, imperfectas y profundamente nuestras. En algunas ocasiones ví su rostro contraerse de rabia, en otras una gran neutralidad. Pero cuando mencioné la historia de Ciel, sus ojos se entristecieron. La larga historia terminó con lo que nos sucedía en el presente.
El silencio que sig