El silencio que quedó tras el diagnóstico era como un vacío insoportable. Apenas escuchaba el murmullo de los pasos en el pasillo, el pitido lejano de alguna máquina, pero dentro de mí todo era un grito. Un grito que no salía, que me desgarraba en silencio, porque no sabía si tenía fuerzas para volver a vivir una pesadilla tan cruel.
Entonces, Luca habló. Su voz fue un rugido ahogado, como si cada palabra le costara sangre, pero sabiendo que uno de los dos debía mantenerse fuerte.
—Esto mi esp