No quería darle a Luca una excusa más para aparecer en mi puerta, así que hice lo que me ordenó sin pensarlo demasiado. Obedecer... esa palabra siempre me había pesado, pero esa tarde se convirtió en la única opción sensata.
Salí de casa con una mochila ligera, el aire de la ciudad pegándose a mi piel tibia. No hacía calor, pero mi pecho ardía como si algo se estuviera quemando ahí dentro. Caminé hasta la estética donde había pasado los últimos años, un lugar que ya no me parecía mío pero que,