El amanecer me encontró despierta.
No recuerdo haber dormido bien, apenas unos sueños inquietos que se deshacían en la penumbra. El silencio de mi departamento se sentía demasiado pesado, como si las paredes estuvieran cada vez más cerca, apretándome el pecho. Me levanté, me vestí con calma y me puse un suéter de lana, no por el frío, sino porque me sentía más segura cubierta. Tomé mi maleta, cerré la puerta tras de mí y bajé las escaleras.
Me quedé en la acera, de pie, sin que nadie me lo hu