Afuera, el viento aullaba como una vieja canción. Traía el susurro inquieto de la noche —mitad memoria, mitad lamento— y los árboles a lo largo de la calle se mecían como fantasmas atrapados entre el baile y la oración.
Vincent exhaló. Había extrañado esta sensación —aunque no se había dado cuenta cuánto. La quietud. El frío. El espacio para pensar sin el ruido de la gente ni del poder. Por primera vez en muchas noches, sintió algo cercano a la plenitud. Tal vez era porque, finalmente, había mo