La casa estaba en silencio salvo por la respiración superficial de Jennifer en el ala de huéspedes, el ritmo de su sueño aún irregular por el impacto. Vincent estaba junto a la ventana del estudio, su camisa manchada con la sangre de alguien más, la mandíbula tensa mientras las luces de la ciudad brillaban a lo lejos abajo. Carlos entró en silencio, cerrando la puerta tras de sí.
—No debiste haberlo llamado —murmuró Carlos, su tono bajo pero con un filo de inquietud.
Vincent no se volvió. —No