Dentro del otro SUV, Jennifer intentaba seguir el rastro de los giros, del tiempo, de cualquier cosa que pudiera ayudarla. Pero los hombres eran meticulosos: daban vueltas, se metían por calles laterales, manteniéndola desorientada. Cada vez que creía que se dirigían tierra adentro, el conductor giraba de nuevo hacia la costa.
La garganta le dolía de tanto contener otro grito. Se obligó a escuchar, a aferrarse a fragmentos de susurros entre ellos.
“…Voss la quiere viva…”
“…no la golpees demasia