—Ahora tu boxeador.
—¡¿Qué?! ¡No!
—Y ¿Cómo te lo vas a sacar?
—Ya veré.
—Ya veré, no, la única forma de quitarse eso es doblando el vientre. ¿Y dónde están tus heridas?
—Rebeca…— Habló con dureza, procurando que ella entienda que no iba a hacer eso.
—A mí no me mires y me hables así; Estoy haciendo esto para ayudarte.
La mirada desafiante de ambos dejaba claro que no querían dar su brazo a torcer; para él, dejarse hacer eso era un poco incómodo y estaba seguro de que, si Patricia se enteraba de