Mundo ficciónIniciar sesiónMi esposo Bill y su hermosa acompañante Doris, comen y se ríen como si estuvieran en su primera cita, mientras que yo soy como un mal chiste en sus vidas. Los observo desde el otro extremo del salón, acariciando mi vientre todavía plano, donde ahora crece una nueva vida, una noticia que recibí hace apenas unas horas y que Bill aún desconoce. Se supone que esta es una cena familiar, pero yo nunca soy bienvenida, sino una intrusa. Al ver a Bill recibir el corte de carne que le pasa Doris, su mejor amiga de juventud y quien lo conoce mejor que nadie, pienso que anunciar mi embarazo solo arruinaría su diversión. Después de tres años de matrimonio y sus constantes ausencias, me siento abrumada y sola. Ya ni recuerdo por qué nos casamos; quizás esto fue un error desde el principio. Finalmente, tomé una decisión: Divorciarme. Entonces apareció un hombre que cambió todo drásticamente. Lo que nunca imaginé es que ese hombre estaría profundamente conectado a la familia de Bill: era su tío.
Leer másPunto de vista de BillMe separé del abrazo de Claire, notando las líneas de cansancio en su rostro. Había estado acá muchas veces.—¿Cómo está? —pregunté en voz baja.—Está descansando —respondió Claire, con la voz cargada de emoción. Bajó la mirada, como intentando recomponerse—. Hace mucho que no tiene un buen día, Bill. Es difícil verla así.Asentí, mirando hacia el pasillo que llevaba a la habitación de mi madre.—Esperaremos a que despierte —dije suavemente, las palabras flotando en el aire. No estaba seguro de estar listo para enfrentarla, pero sabía que debía hacerlo.Claire me dio un pequeño asentimiento agradecido, y tomé la mano de Serena, llevándola al jardín. El aire afuera era fresco, impregnado del suave aroma de las flores y la luz tenue de la tarde. Nos sentamos en un banco, dejando que el silencio nos envolvieran, pero una inquietud en mí no me dejaba ignorar lo que sentía.Después de un momento, me volví hacia ella, incapaz de contener la pregunta que me carcomía.—
Punto de vista de BillApenas regresamos de la playa, no tuve tiempo de acomodarme cuando el celular vibró en mi bolsillo. Miré la pantalla: “Tía Claire”. No era de las que llamaba sin motivo, y un presentimiento pesado se apoderó de mí.—Hola, Claire —contesté, tratando de sonar casual, aunque ya sentía que algo andaba mal.—Bill… —Su voz se quebró, y hubo una pausa, una respiración temblorosa al otro lado que me hizo apretar el celular con más fuerza—. Es tu mamá. Elena no está bien.Las palabras me golpearon con fuerza, como si me hubieran quitado el aire. Por el tono de Claire, por cómo luchaba para contener las lágrimas, supe que no era un simple tropiezo. Era algo serio. Mi mamá siempre había sido una fuerza imparable, fuerte e inquebrantable, al menos en mi mente. Escuchar a Claire quebrarse así por ella me dejó sin aliento.Me aclaré la garganta, intentando mantener la voz firme.—¿Quién la está cuidando?Claire se sonó la nariz, recomponiéndose lo suficiente para responder.—
Punto de vista de SerenaEl Airbnb que encontramos era pequeño y acogedor, perfecto para pasar una noche rápida después de un largo día en la playa. Colín ya estaba dormido, su manita agarrando el borde de la cuna que logramos conseguir a último momento. Lo observé un momento, sonriendo al verlo estirado, completamente en paz. Es curioso cómo un bebé puede verse tan pequeño y, aun así, ocupar todo el espacio en tu corazón.Al volver a mirar la habitación, me di cuenta de que solo había una cama —lo suficientemente grande para dos, pero, bueno, solo una cama—. Bill notó mi mirada e inmediatamente levantó las manos, como para rechazar la sugerencia obvia.—Yo me quedo en el suelo —dijo rápidamente, rascándose la nuca—. No hay problema.Le lancé una mirada, entre divertida y exasperada.—Bill, no hace falta que duermas en el suelo. La cama es lo suficientemente grande para los dos.Él arqueó una ceja, dudando.—¿Segura? O sea, no me molesta. Es solo que… ya sabes.Puse los ojos en blanco
Punto de vista de BillLa idea me llegó de repente, como un impulso de... simplemente escapar por un rato. De disfrutar este tiempo con mi familia, de soltar todo lo demás, aunque fuera solo por un día. Así que me volví hacia Serena, que estaba sentada en el sofá con Colín en su regazo, y pregunté. —¿Qué tal si salimos? Los tres.Ella alzó la vista, sorprendida pero curiosa. —¿Salir a dónde?—A la playa—dije, sonriendo mientras la idea tomaba forma—. Tú, yo y Colín. A algún lugar abierto donde podamos respirar un poco.Su rostro se iluminó y supe que le había encantado la idea.—Suena... perfecto—dijo suavemente, mirando a Colín, que la observaba como si ella hubiera colgado la luna—. Creo que a él le encantará.Así que empacamos lo esencial, snacks, ropa de cambio para Colín y lo que pudiéramos necesitar, y partimos. El viaje en auto se sintió bien, liviano, como si el peso de los últimos meses se hubiera esfumado. Serena iba a mi lado, Colín en su silla en la parte de atrás, balbuce
Último capítulo