El sonido de la puerta se cerró con un suave golpeteo, pero Mariam no podía dejar de pensar en lo que había presenciado. La escena en el estacionamiento seguía dando vueltas en su mente como una pesadilla, con la imagen de Claudia y Rolando besándose grabada a fuego en su alma. Sintió un vacío, una mezcla de impotencia y rabia que la recorría, pero aun así se obligó a hacer lo correcto.
Cuando entró en la mansión, Elizabeth, la madre de Demian, la miró de inmediato. Su rostro, normalmente seren