Mariam continuó su camino sin prestarle la menor atención a las palabras de su esposo. ¿Para qué detenerse? Sería una estupidez hacerlo. Después de lo que acababa de escuchar todo estaba claro como el agua. No había más espacio para las excusas ni para falsas esperanzas.
Él nunca la había elegido de corazón... solo la había aceptado por gratitud o por conveniencia. La verdad dolía como una daga helada en el pecho, pero fingiría que nada le afectaba, como siempre lo había hecho, ocultando sus he