Mariam sostuvo unos documentos entre sus manos con firmeza, mientras caminaba hacia la oficina de Sofía. Al ingresar, su cuñada la miró fijamente, con esa expresión calculadora que siempre parecía atravesarla como si pudiera leer sus pensamientos más profundos.
—Deberías tomarte unos días, Mariam —dijo Sofía con voz seca, sin apartar la vista de ella.
Mariam forzó una sonrisa cortés mientras dejaba los papeles sobre su escritorio.
—No es necesario, estoy bien —respondió con un tono neutro, evit