Demian regresó tarde esa noche. El cansancio estaba marcado en cada línea de su rostro, como si el peso del mundo lo aplastara lentamente. Su traje arrugado, su corbata aflojada y los pasos arrastrados hablaban del cansancio de los días. Al cerrar la puerta, no esperaba encontrar nada… pero Mariam estaba allí.
Ella corrió hacia él, sin pensar, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes que su mente. Lo abrazó con fuerza, como si temiera que se desvaneciera frente a sus ojos. Demian se quedó qu