—¡Voy a matarte! —rugió Rolando, fuera de sí, con el rostro desencajado y los ojos inyectados en sangre—. ¡Si yo voy al infierno, ustedes vendrán conmigo!
—¿Me matarás frente a las cámaras? —respondió Demian con una fría sonrisa mientras señalaba al joven que, escondido tras una columna, grababa todo y transmitía en vivo.
Rolando giró la cabeza bruscamente y vio al muchacho con el celular alzado. Su rostro palideció, y entonces hizo lo impensable: levantó su arma y comenzó a disparar sin contro