Mariam se alisó el traje color marfil mientras bajaba del automóvil. Gabriel, siempre atento, le abrió la puerta sin decir palabra, aunque sus ojos lo decían todo: preocupación, tensión… y una pizca de orgullo. Ella lo sabía. La empresa de su abuelo, que muchos habían dado por muerta, estaba resurgiendo como el ave fénix gracias a su esfuerzo y visión.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Gabriel al ver el ceño fruncido de la joven.
—Más segura que nunca —respondió Mariam sin vacilar.
Sin embargo,