—¡Te dije que no la alertaras! —gritó Kitty al otro lado del teléfono, completamente fuera de sí—. ¡Te pedí algo tan simple!
—Solo fue un pequeño susto —respondió Rolando con una calma que rozaba lo irritante.
—¡Demian estará alerta ahora! —replicó ella con más furia, apretando el celular con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Sabía que Demian no era un hombre al que se pudiera engañar tan fácilmente, y que cualquier paso en falso activaría todas sus alarmas. Rolando no había seguido s