Los días comenzaron a transcurrir con una inusual y reconfortante calma. Mariam se había adaptado rápidamente a la nueva rutina, una que jamás pensó que llegaría a disfrutar tanto: despertar al lado de su hijo y de Demian, ver cómo el pequeño corría por la casa mientras Azucena preparaba el desayuno, escuchar las risas que llenaban cada rincón del hogar, y sentir que, al fin, tenía algo parecido a una familia.
Demian, por su parte, parecía haber encontrado un remanso de paz en medio del caos qu