El aeropuerto estaba tranquilo esa mañana, pero el corazón de Mariam se sentía un poco inquieto. Apretó con suavidad la pequeña mano de su hijo, quien caminaba emocionado al lado de su padre. Demian debía viajar por motivos de negocios, pero prometió que solo serían dos días. Solo cuarenta y ocho horas, le dijo con una sonrisa al oído antes de besarle la frente.
El pequeño, con sus ojos brillantes y la sonrisa idéntica a la de su padre, estiró los bracitos para abrazarlo. Se colgó de su cuello