Mariam sostenía entre sus manos una taza de chocolate caliente mientras observaba a su hijo jugar con una pequeña mariposa que revoloteaba entre las flores. El jardín de la mansión estaba tranquilo aquella mañana, el cielo despejado dejaba pasar una luz suave que lo iluminaba todo, como si el universo le regalara unos momentos de paz.
Gabriel, sentado frente a ella, también tenía una taza en la mano. Habían compartido muchas sesiones de entrenamiento, pero esta vez, simplemente estaban disfruta