El celular temblaba en la mano de Demian mientras observaba el nombre en pantalla: Claudia. Sus dedos sudaban, temblaban, como si temiera la respuesta que ya intuía. Apretó el botón de llamada.
Un tono.
Dos.
Tres.
—¿Qué quieres? —La voz de ella fue una daga fría, sin emoción.
Demian tragó saliva, su garganta seca.
—Solo quería hablar… Claudia, lo de ayer—
—¿Lo de ayer? ¿Te refieres al numerito ridículo en el hotel? —interrumpió con burla—. ¿O a la foto viral en donde pareces un perro abandonado?
Él apretó los dientes.
—Yo solo quería decirte que aún... que no te he olvidado. Lo que dije es real. Ordenare que borren todas las noticias al respecto.
Un silencio mortal se hizo en la línea, hasta que ella soltó una risa cruel.
—No me llames más, Demian. Me das lástima. Y créeme, la lástima no es amor. Tú y yo… nunca más. Ya no eres el hombre que conocí. Eres una sombra. Un monstruo. Cuelga y hazle un favor al mundo: desaparece. Me harías un favor.
—¿Tanto me odias Claudia?
—Prefiero que es