El celular temblaba en la mano de Demian mientras observaba el nombre en pantalla: Claudia. Sus dedos sudaban, temblaban, como si temiera la respuesta que ya intuía. Apretó el botón de llamada.
Un tono.
Dos.
Tres.
—¿Qué quieres? —La voz de ella fue una daga fría, sin emoción.
Demian tragó saliva, su garganta seca.
—Solo quería hablar… Claudia, lo de ayer—
—¿Lo de ayer? ¿Te refieres al numerito ridículo en el hotel? —interrumpió con burla—. ¿O a la foto viral en donde pareces un perro abandonado