La mañana había llegado con un silencio incómodo que no era propio de la mansión Thompson. El sol apenas se filtraba por los ventanales, y el eco del intento de suicidio de Demian aún flotaba como un secreto que dolía pronunciar.
Apenas el reloj marcó las ocho, Lucas, el asistente personal y uno de los pocos amigos de Demian, irrumpió en la casa principal como una ráfaga de preocupación. Su traje estaba desalineado, el cabello despeinado y los ojos enrojecidos por una noche sin dormir.
—¿Dónde