Mariam no solía cruzar el pasillo que conducía a la mansión principal. Ella se encontraba en el pasillo, el ala este era un territorio oscuro, helado, del que todos hablaban con susurros o directamente evitaban mencionar.
Demian Thompson vivía allí. Y ella también. No tenía otra opción.
La señora Thompson la detuvo esa mañana con una bandeja en las manos, adornada con el desayuno que solía preparar personalmente para su hijo.
—¿Podrías llevárselo tú? —preguntó con un tono más bien firme que ama