Mariam respiró hondo, tratando de calmar el torbellino de emociones que aún sacudía su pecho. No pensaba dejar su trabajo. No por culpa de esa víbora. No por culpa de Claudia.
Sus pasos resonaban firmes sobre la acera mientras se acercaba al edificio de la empresa, con la cabeza en alto, aparentando seguridad, aunque por dentro sus fuerzas pendieran de un hilo. No permitiría que nadie la viera débil. Nadie.
Pero el destino parecía decidido a poner a prueba su temple.
Al girar la esquina de la e