Mariam estaba sentada sola en una pequeña cafetería cercana a la empresa. Su mirada estaba fija en la taza de café humeante frente a ella, removía el líquido con la cucharilla sin probarlo. La ansiedad le revolvía el estómago. Miró la hora en su reloj de pulsera por quinta vez. Israel no tardaría en llegar. Tenía que aclarar esto antes de que todo se saliera de control.
No podía permitirse otro escándalo… no ahora.
Minutos después, la puerta del local se abrió y el joven apareció con una amplia