El aroma cálido del café llenaba la pequeña sala, mezclándose con el dulce perfume de las galletas de mantequilla que Azucena había traído en una caja envuelta con papel floreado. Mariam sonreía mientras sostenía su taza entre las manos, dejando que el calor aliviara el frío invisible que, sin explicación, parecía haberse instalado en su pecho desde hacía días.
—Te juro que extraño estas tardes —dijo Azucena mientras mordía una galleta—. ¿Recuerdas cuando soñábamos con tener una cafetería?
Mari