Mariam apretó con fuerza el volante mientras conducía por la autopista. La ansiedad le mordía el pecho, el miedo le entumecía las manos, pero no podía detenerse. Gabriel se le había adelantado sin conocer del todo el plan, y eso la angustiaba. Él era impulsivo, y la situación exigía frialdad, precisión… y un poco de suerte.
El camino se hacía más solitario a medida que dejaban atrás la ciudad. Los altos edificios de cristal y acero quedaban atrás, y el paisaje se transformaba en un bosque espes