—¿Acaso no piensas en tu seguridad? —espetó Lucas, con la voz rota por la mezcla de enojo y preocupación—. ¡La última vez casi mueres!
Demian lo miró sin inmutarse. Su expresión era la de un hombre que ya había aceptado el dolor como parte de su identidad.
—Es mi decisión —respondió con voz firme.
Lucas apretó los dientes, dio un paso hacia él y golpeó con la palma abierta la carpeta sobre el escritorio.
—¡Claro, cómo olvidarlo! Tres malditos meses en coma, Demian. ¡Tres! ¿Y ahora quieres volve