Los días siguientes transcurrieron con una calma que resultaba inquietante. Como si la mansión, que llevaba años habitada por sombras, de pronto hubiera empezado a despertar.
Mariam no pidió permiso. Simplemente lo hizo.
Cambió las cortinas, reemplazando los pesados visillos burdeos por unos más suaves, color crema. Quitó los floreros antiguos y los llenó con flores frescas del jardín. Cambió la vajilla, la mantelería, los adornos de las mesas. Dio órdenes al personal de limpiar a fondo los rinc