Gloria podía notar la molestia en el rostro de Mariam, y no era para menos. Después de todo lo sucedido, lo último que podía esperar era un gesto amable de su parte. La joven estaba de pie frente a ella con los brazos cruzados, los labios tensos y la mirada fría, mientras sus pequeños corrían alegremente entre los árboles del parque.
Gloria los observó por un instante. Había algo en ellos que le recordaba los días en que Kitty era solo una niña, correteando con la inocencia de quien aún no cono