El cielo estaba cubierto de nubes grises, como si también guardara luto. Sofía permanecía de pie frente a la lápida de su tío Rolando. El mármol frío, recién tallado, parecía indiferente a la tristeza y la reflexión que pesaban sobre su corazón. Dos años habían pasado desde que él fue encerrado, y ahora, había decidido poner fin a su vida.
Con un suspiro profundo, se inclinó y dejó sobre la tumba un ramo de rosas rojas. El contraste del color vivo sobre la piedra pálida le provocó un nudo en la