La mañana amaneció con un silencio extraño en la mansión Thompson.
El desayuno estaba servido, pero Demian no bajó.
Tampoco contestaba su teléfono. Ni mensajes. Ni notas. Nada.
Sofía fue la primera en notarlo. Luego Elizabeth. Y pronto, el personal de la casa comenzó a murmurar con inquietud.
—¿Dónde está Demian? —preguntó Elizabeth por tercera vez, mirando su celular con frustración.
—Tal vez fue a la empresa temprano —intentó justificar Sofía, aunque su ceño fruncido revelaba que no estaba co