Mariam no podía dejar de mirar el reloj. El tic-tac se hacía cada vez más insoportable. Estaba sentada en la sala de espera del hospital desde hacía más de una hora, con los nervios destrozados. Sofía y la señora Elizabeth la acompañaban en silencio, sabiendo que cualquier palabra en ese instante sería inútil. Nadie del personal médico les daba información concreta. Solo sabían que Demian había ingresado al quirófano desde temprano.
—Es una cirugía delicada —le dijo una enfermera al pasar—. Ten