El sol apenas asomaba cuando Mariam empujó la puerta principal. Llevaba puesta la misma ropa del día anterior, las ojeras marcadas por una noche en vela, el corazón apretado… su abuelo la necesitaba y ella no pensaba darle la espalda.
Se sentía agotada, solo quería darse una ducha, tal vez un té, tal vez una sonrisa de esas que últimamente empezaban a aparecer entre ellos.
Pero no hubo sonrisa.
Demian la esperaba en medio del salón, con la mandíbula tensa, las venas marcadas en el cuello y una