—No es necesario, Juliette —dije, recibiendo una mirada de desaprobación de su parte.
—También aplicaré un poco ahí —aclaró—. Luego iré a la habitación de mi madre, quizá tenga algún analgésico. Es tan mundano —murmuró, soltando un suspiro mientras comenzaba a aplicar la crema en la zona del tabique.
En ese silencio, no pude apartar los ojos de cada uno de sus movimientos. Podía detallar su rostro perfectamente, sus ojos casi enteramente verdes, sus mejillas teñidas de rojo, y sus labios con es