—No me importa si le caigo bien o no, porque a partir de ahora me verá más seguido.
—Gérard...
—Ya te dije que no me iré, Juliette. Solo hablaré con ella, nada más —afirmé.
—Vete ya —insistió.
—No me iré de aquí sin ti —repetí—. ¿Quieres que me vaya? Entonces haz tu maleta y ven conmigo, de lo contrario no pienso moverme.
—Eres realmente terco.
—Llámame como quieras, el tiempo que quieras. Estaré aquí hasta que decidas venir —expresé, recostándome en el sofá de la sala, con los brazos detrás de