—¿Qué?
Matteo parpadeó, confundido.
—Ya no soy la chica inocente de meses atrás, todo cambió en la isla. Dionisio y yo...tuvimos relaciones, me aproveché de él. Perdió la memoria y me obsesioné. Lo hicimos pensando que moriríamos allí.
—Eso no me importa… —dijo dando un paso hacia ella.
Ella levanta la vista sorprendida. Esperaba un rechazo un insulto. Ella no sabía que Diógenes ya se lo había dicho.
-¡No! —gritó ella, retrocediendo un paso—. No entiendes… ¡Deberías odiarme… fue con Diógenes!
El silencio que siguió fue ensordecedor. El mar rugía detrás de ellos, las gaviotas graznaban a lo lejos. Matteo la miró con el alma rota.
—¿Y qué con eso…? —preguntó con un hilo de voz.
—No nos controlamos, deberíamos terminar nuestra relación… —susurró ella, tapándose el rostro—. Fue en la playa… esa noche… pensé que moriría allí… y me entregué porque quise… porque… porque ya no importaba nada…sabes que estoy enamorada del desde hace años. ¿Cómo puedes pedirme matrimonio así?
Matteo tragó saliv