La cascada caía con fuerza, golpeando las rocas y levantando una bruma helada que cubría sus pieles. Ámbar se frotaba los brazos, tiritando, mientras se bañaba bajo la pequeña cascada, ella lo miraba con esos ojos verdes donde se mezclaba ternura y lástima.
—Debe ser terrible no recordar nada de tu pasado… —dijo ella, casi como una caricia.
Diógenes sonoro apenas, encogiéndose de hombros.
—Supongo que sí… aunque, si lo pienso, ¿qué importa lo que fue si no puedo recordar? Aquí solo existe lo qu