Dos semanas después.
El sol estaba quemaba a cualquiera. Salieron a la playa, corrieron sobre la arena mojada, cayeron y se besaron, rodaron entre carcajadas y arena pegada a su piel salada. Se veían como dos niños… o como dos fugitivos de la realidad.
En la cascada, más tarde, volvieron a hacer el amor. El agua fría resbalaba entre sus cuerpos calientes. Ella gimió su nombre entre jadeos cuando él la levantó, sosteniéndola por los muslos. Fue, rápido, intenso, salvaje, un acto de pura pasión y